SIRIA. WHAT HAVE WE DONE?

SIRIA: LAS RUINAS DE LAS CIUDADES EXPRESAN LAS DE LOS CUERPOS

Víctor Infantes

victorinfantes.com

A día de hoy, 7 de Agosto del 2019, la guerra en Siria lleva durando 8 años, 4 meses y 23 días, desde que comenzase el 15 de Marzo del año 2011. No puedo ni sé hacer un análisis de la misma, cuáles son sus causas, sus actores (declarados) o no, su cronología y alianzas internas. Según el viento que sople en los mass media durante unas semanas no dejan de mostrarnos la inconmensurable tragedia que allí tiene lugar para luego, durante meses, no hacer ninguna mención al respecto. No hay una patrón en esto, los malos de ayer se convierten en amigos de conveniencia, la entrada de los rusos, la ambigua posición de los americanos, el Isis, que llegó a extender su territorio de dominio efectivo hasta Irak, los kurdos, que llevan decenas de años librando una guerra contra todo y todos, el dictador hijo de otro dictador, las minorías religiosas (pero de gran poder económico: los drusos por ejemplo), Arabia Saudí, Irán, e Israel, que hace frontera, y juega duro, el Líbano que tenía tropas sirias en su territorio, demasiados actores, demasiado en juego, un enclave estratégico…. ¿quién puede saber que mueve realmente una guerra surgida a raíz de unas revueltas, la llamada primavera árabe (instigada desde Occidente) y que parece que no va a acabar nunca, como si, precisamente, el estado de guerra permanente fuese lo que se ha estado buscando desde el principio? Todo esto por mi parte no son sino elucubraciones, tanteos, dudas, que todos tenemos, que nadie responde.

En el año 2013 fui a vivir a al medio rural. No había Internet, no había televisión. El único contacto con el mundo era el periódico que devoraba hasta la última letra. Allí se daba cuenta de las atrocidades de esta guerra de todos contra todos, donde se bombardeaba hospitales, se gaseaba a la población civil, se ajusticiaba, se hacían cercos sobre ciudades enteras que hacían morir de hambre y por la falta de medicinas para los enfermos a miles de personas, por no nombrar las atrocidades medievales, en el peor sentido, del ISIS. Las fotografías de los reporteros que, jugándose la vida, plasmaban esa realidad no dejaban a nadie indiferente. Era una matanza retransmitida en directo (muchos rebeldes con internet via satélite emitían en tiempo real lo que estaba sucediendo). Así lo recogían los periódicos acompañados de sesudos estudios de opinión y análisis etc.

Quise, desde mi trabajo artístico, reflejar el sufrimiento de esta guerra, su absurdo y sin sentido. Elegí no mostrar las heridas de las personas, de los niños gaseados, sino la de sus edificios y ciudades, que sangran como ellos y les representan. La primera obra de la serie, el Hospital de Homs, es un claro ejemplo. Edificios sin fachadas, sangrando, calles y edificios en ruinas nos hablan del padecimiento de sus habitantes, desprovistos de todo, en tierra de nadie. Los edificios se vuelven un símbolo del cuerpo, individual y colectivo, lo expresan como lo expresaría cualquier de las imágenes dantescas que en estos ocho años, los media, según conviniese, nos mostraban o no.

Que la técnica escogida haya sido la tinta y, sobre todo, la acuarela (generalmente asociada a una representación canónica de la “belleza” no es, en  modo alguno casual. Ese contraste entre usos de la representación y lo que se quiere decir, resalta el sujeto, lo dota de matices nuevos, de otros caminos).